ARTÍCULOS DE PRENSA

Este apartado se compone de una treintena de artículos que fueron publicados  en el DIARIO DE CÁDIZ desde finales del año 2000 hasta la primavera del 2001. En ellos afronto una gran variedad de temas -sociales, políticos, locales, etc.-. Curiosamente, transcurridos 13 ó 14 años, siguen teniendo muchos de ellos plena vigencia y actualidad. Es una buena prueba de lo poco que progresamos los humanos, aunque muchas veces parezca lo contrario. Por una vez tengo la intención de incluir aquí todos esos textos, pero hacerlo supone un trabajo laborioso -escanearlos, convertirlos en archivos Word (con los problemas que suele ofrecer), copiar, pegar…-. Tardaré en tenerlos a punto. No están ordenados por fechas, porque es un aspecto intrascendente, transcurrida más de una década desde su publicación. Todos aparecieron en un Apartado o Sección que titulé EL ANAQUEL

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EL ANAQUEL 
Antonio Bocanegra

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1.- PAZ

Cuando acaba este año/siglo/milenio se oye la palabra “paz” con una fuerza enorme, y en nuestras circunstancias diría que con rabia contenida. —j Qué bellos son los pies del mensajero que anuncia la paz!—oímos en la liturgia de estos días. Pero hay otros pies que son de horror y de miedo, pies demasiado numerosos, demasiado arcaicos. Son los pies de los que anuncian o proclaman la guerra, viejos como la humanidad. Caín con su quijada de asqueante odio fue sólo el primero, pero desde entonces muchas otras quijadas se han levantado al aire de los cielos. Como aquélla, guerras entre hermanos. Y es que los pueblos no dejan de generar necios para, en su necedad, inventarse guerras y conflictos. Ya en el siglo VIII a.C. Homero —“el poeta divino”—escribió que los hombres se cansan antes de dormir, amar, cantar y bailar que de hacer la guerra. El mal siempre ha sido más fuerte y contagiable que el bien. Los escolásticos decían lo contrario: Bonum est dffusivum sui. Pero la Escolástica y Aristóteles hace ya mucho tiempo que cayeron en el descrédito. Y hay hechos escalofriantes que inclinan al pesimismo. ¿Habrá algún gen bélico en el cerebro humano? Uno de los más antiguos conjuntos escultóricos sumerios, fechado 3.000 años a. C., muestra soldados perfectamente ordenados en plena batalla con cascos, lanzas y escudos. Cinco mil años después seguimos con parecidos aditamentos y parafernalias y desde la Guerra del Peloponeso entre las ciudades-estados griegas, lideradas por Atenas y Esparta respectivamente, pasando por la Guerra de Troya, las de Roma y Cartago, las religiosas que asolaron Europa, las Napoleónicas, las dos Mundiales —son sólo muestras— no ha habido un pequeño descanso. Es el rayo que no cesa. La más próxima a nosotros, la de israelíes y palestinos, es la historia de nunca acabar. Porque hebreos, judíos, israelitas —poco importa el gentilicio— estuvieron en guerra con sus convecinos —filisteos, egipcios, amalequitas, edomitas, moabitas y ahora árabes y palestinos— desde que sus antepasados fueron liberados de Egipto por Yaveh con su aplazada promesa de una Tierra Prometida. Los motivos y actitudes ante la guerra han sido siempre diferentes pero ésta sólo beneficia a los poderosos. También, quizás, a los enterradores. Gandhi, con su proverbial agudeza, dejó escrito: “No hay camino para la paz; la paz es el camino”. ¿Hallarán los hombres del siglo XXI ese camino? Falta hace de una vez por todas, aunque algunos no lo veamos.

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2.- LO RELIGIOSO

La concentración en Roma con el Papa de dos millones de jóvenes en las XV Jornadas Mundiales de la Juventud ha levantado críticas en ciertos voceros poco dados a manifestaciones religiosas. Estos creadores de opinión suelen ser especialmente virulentos con este Papa, quizás les desagrade que ejerza como tal siendo tan anciano. Lo que dicen no es nuevo, pero respecto a esos jóvenes se echa en falta un posicionamiento más ecuánime y justo, precisamente en estos tiempos en que otros jóvenes —los del puño cerrado— se dedican al bandidaje de la llamada kale borroka, del tiro o la bomba, y los de la mano abierta y las cabezas rapadas (de ideas), a zurrar/quemar al indigente o al pobre inmigrante. La religión pertenece al entramado de la intimidad, de la privacidad porque lo que importa no es pregonar lo que se cree sino vivirlo. Pero esto es un desideratum. Gran parte de la esencia occidental lo constituye el valor absoluto del individuo, el de la inmortalidad del alma y la persistencia de la conciencia individual. La tragedia íntima, el gran drama de muchos pensadores —Pascal, Kierkegaard, Nietzsche y otros— fue esa lucha interior entre el corazón, que les pedía eternidad individual, y la razón, que se la negaba. Es innegable, además, que el hombre occidental fue siempre un hombre básicamente religioso. ¿Qué sería de la civilización a la que pertenecemos sin esa dimensión ético-religiosa que ha conformado durante dos mil años nuestra historia? Nadie la reconocería. Cercenarla y nuestro patrimonio y nuestra historia sería un erial, nuestra cultura, un campo de Agramante. Para Lenin la religión era el “opio del pueblo”. Más crédito ofrece lo que dice De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), aquel gran poema de Lucrecio—romano del siglo I a.C. y como tal proclive a aceptar una vida tras la muerte—, quien asegura en su Libro III que aquellos que no temen a la muerte porque no creen en la inmortalidad del alma acaban entregándose a toda clase de supersticiones cuando ven sus vidas en peligro. Quitemos la religión de nuestras vidas -ese “opio”—, que ya la sustituiremos por otros opios (hedonismo, juego, sexo, dinero…) Sin moralina, en la opción me quedo con la fe, aunque sea la del carbonero.

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3.- VALORES

Al soldado, al militar el valor se le supone. A la sociedad se le suponen unos valores, que nada tienen que ver con el coraje o el heroísmo antes situaciones adversas, sino con las conductas. “Pérdida de valores”, “inversión de valores”, y aquella otra más grandilocuente “El hombre es portador de valores eternos” son expresiones instaladas en el acervo lingüístico con cierto desabrimiento. Tengo escrito un ensayo acerca de un movimiento felizmente superado —el de las Generaciones hippy y underground, que titulé Contracultura e Inversión de Valores—. Pero estén tranquilos que no voy a hablarles de él. Hablar de valores es hablar de comportamientos éticos y morales -en román paladino: de vicios y virtudes —. Al paso que vamos los valores que configuraron nuestros comportamientos en el milenio que agoniza, tan dispares ya en sí, puede que no se parezcan a los del venidero. Hay atisbos: la pérdida del sentido de la familia con el papel aglutinador de la madre; la rebeldía y egoísmo de los hijos; la incultura de la drogadicción; la falta de respeto a la vida ajena. Nada nuevo. La virtud romana no es la virtud del Renacimiento ni los vicios en la antigua Roma los de la Edad Media, y desde el Renacimiento — tan personal e individualizador en sus conductas-  la frontera entre vicios. y virtudes, se nos quedó difuminada. Huyó lo que era firme, y solamente/lo fugitivo permanece y dura, proclama el poeta. En 1740 aparecieron las primeras entregas de la novela epistolar Pamela, o la virtud recompensada, del inglés Samuel Richardson, pero siete años antes había aparecido Manon Lescaut del francés Antoine-François Prévost, en la que se narraban, según la crítica, “las andanzas de un bribón y de una puta”. De una a otra, toda una escala de valores. Lejos quedaba el principio de que el hombre era virtuoso si era un buen ciudadano. El pensamiento único y la mundialización o globalización, que parecen ser los signos del milenio entrante, deberán diseñar un código ético no-muy alejado del que los hombres, la humanidad, se ha dado a lo largo de los siglos. Ética y moral resultan imprescindibles. Para la convivencia de los hombres y la permanencia de la especie hacen falta – unos valores. No me pregunten cuáles. De no existir, la selva, el caos.

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4.- OBVIEDADES

Cuando hace días saltó a los medios de comunicación los nuevos modelos de matrículas de coches se me encendieron las luces de mi alerta interior. Luego supimos que el Gobierno rectificaba y que no cedía a las cabilas nacionalistas, de lo que nos congratulamos, cuanto más leña se les dé más difícil será apagar ese fuego incipiente. Que España sea diferente puede servir como eslogan de propaganda turística ya que el turista quiere constatar y dar fe de los tópicos, pero a la mayoría el turismo —ese deambular por calles y plazas, cámara en ristre, de gente variopinta, estrafalaria y babélica siempre a la caza y captura fílmica del tópico manido y obsoleto que una vieja guía dice de nosotros—, el turismo, digo, nos trae al pairo. Ello no es óbice para reconocer su importancia aunque el eslogan o reclamo al que me refiero nos parezca detestable. Los tópicos o lugares comunes que sobre nosotros circulan son inevitables pero se aceptan cuando los crean los usos y costumbres de los pueblos, pero crearlos por decreto es aberrante. No queremos ser diferentes en el tema de las matrículas, déjennos ser europeos, al menos, en esto, que por lo demás ya somos cosa aparte y lo somos muchas veces por el capricho y la inopia del político de turno que cuando pasa a sentarse en un despacho oficial es capaz de fabricar cañones como el sargento de la famosa historia, sargento que explicaba a los soldados que para fabricar un cañón no había más que coger un agujero cilíndrico y recubrirlo de acero —maledicencia antimilitarista, claro—. Levanto el dedo y la palabra contra esos tópicos que oscurecen nuestra imagen de pueblo. Que los toros y el flamenco nos distingan, vale, pero, ¿qué decir de esas imágenes tan extendidas en revistas y libros extranjeros para los que nuestras calles no son otra cosa que parajes empedrados y transitados por arrieros de boina, blusón y garrota y por perezosos burros —los famosos Spanish donkeys— con angarillas y cántaros (aguaderas) en los lomos y nuestras mujeres, pequeñas viejecitas arrugadas cargadas de años y de lutos? Abran el país de par en par, no nos creen nuevos tópicos, que nuestro pueblo no es triste ni el pan que en nuestro hogar comemos es el del tedio.

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5.- INDIDVIDUALISMO

En mi columna de la semana pasada -OBVIEDADES- incidía en el peligro que suponen los tópicos que, como armas arroja utilizan los extranjeros cuando de los españoles se trata Tan nefastos son estos clichés que el Instituto Cervantes –centrándose, claro, en el ámbitode la lengua— ha decidido trabajar en pos de otra imagen de España entre los europeos. Difícil lo tiene tan prestigiosa Institución porque esos lugares comunes que sobre nosotros se han creado y enraizado en el sentir ajeno vienen de lejos. La España tenebrosa de nuestra Leyenda Negra está en sus orígenes, pero éstos son, además, fruto de nuestro individualismo, calificado por alguien de opresor (overwhelming). Mucho tuvieron que ver también con esta visión de nosotros aquellos viajeros románticos -Ford, Byron, Irving y tantos otros— que patearon nuestra piel de toro durante el siglo XIX para dar la imagen de un pueblo único, sí, pero agreste, rudo, hosco y semisalvaje. En el meollo de todo está esa soledad a la que se ven abocados los pueblos que atravesando las propias fronteras se hacen colonizadores, conquistadores y dominadores de otros. Hay una reacción hostil y natural ante el agresor y, como contrapartida, la cerrazón en sí mismos, la introspección, la contemplación del propio ombligo del yogui y su consecuente vacío de conciencia. Hace años un hispanista, que es tanto como decir “amante de lo español y de los españoles”, Martin A.S. Hume, hizo un magnífico retrato de Felipe II, rey que era para él  paradigma del pueblo español, y puede que no le faltara razón. Como éste, era ocioso y amante del placer, taciturno y altanero, poético, artístico y literario, ignorante, gazmoño (i.e. que afecta virtudes que no tiene), lleno de prejuicios, de duro corazón y bravo. Aun siendo todo esto, el español no crep se diferencie del resto de los pueblos europeos, pero el individualismo exacerbado nos lleva a la falta de solidaridad, al prurito disgregacionista, al cabilismo, por no llamarlo cainismo. Como contrapartida, la singularidad, la grandeza. Oscar Wilde, escritor polémico donde los haya, dejó escrito que cuanto más estudiaba la vida y la literatura más profundamente advertía que detrás de todo lo hermoso estaba siempre el individuo, y que no era el momento el que hacía al hombre, sino el hombre quien hacía la época.

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6.- ANDALUCES Y REFRANES (I)

 La cultura andaluza, que sólo es concebible como una parte integrante e integrada de y por la cultura española, ha gozado en los últimos años de atención, incluso de mimo, por parte de la Administración autonómica y de sus expertos. En estas fechas, facilitadoras de descansos y lecturas, he entrado en contacto con un tema —Refranes y Aforismos- que, referido al ámbito andaluz, no parece muy estudiado. Yo no creo que una característica de la idiosincrasia andaluza sea su afición a los refranes, a pesar del testimonio de algunos historiadores, que consideran a los del sur, a los turdetanos, gentes imaginativas y exageradas en el decir. Labia de andaluz, que decía Lope. La fama que tenemos —Andaluz fulero, Al andaluz hazle la cruz…, etc.— no creo sea consecuencia del dicho popular Gente refranera, gente embustera u Hombre refranero, poca carne en el puchero, porque la nota peyorativa se hace elogio en Hombre refranero, medido y certero. Así que lo uno por lo otro. Decimos Más feo que Picio, pero ¿existió realmente un personaje llamado así? ¿Saben lo del gallo de Morón? ¿Quién era Ambrosio el de la carabina, que era de Sevilla, si no lo saben? ¿Por qué el que fue a Sevilla perdió su silla? ¿Y lo de irse por los cerros de Úbeda? Naturalmente, no van a encontrar respuesta a todas y cada una de estas expresiones que, a vuela pluma, se me han ocurrido y que forman parte del acervo popular, pero sí a muchas. Porque la paremiología—estudio de los refranes— no sólo es investigación sino recopilación y síntesis, y no sólo de refranes —“dicho agudo y sentencioso de uso común” (DRAE)- también de proverbios, aforismos, sentencias, locuciones, axiomas, apotegmas, dichos … en suma, lo oral y lo popular transmitido de padres a hijos en un contexto de tradición y de antigüedad. Sabemos cómo nos ven a nosotros los demás españoles. Desde luego no como un dechado de virtudes: nos creen vagos, mentirosos, charlatanes…Y nuestra visión de ellos no es mejor: De Levante, el más bobo es un tunante; Los enemigos del alma son tres: gallego, asturiano y montañés; Vizcaíno, corto de razones y largo de vino. Pero, ¿qué piensa un andaluz de otro andaluz? ¿Cómo somos? ¿Cómo nos vemos? Prometo contárselo la semana próxima.

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7.- ANDALUCES Y REFRANES (y II)

La semana pasada nos referíamos a los refranes en un contexto exclusivamente andaluz. El refrán, que se emplea cuando viene a cuento y que tiene su origen en un sucedido, en una anécdota, forma parte de ese rico patrimonio creado por transmisión oral. Hay mucho de sentencioso y de poético en los refranes, pero es su carácter malintencionado e insultante lo que más me llama la atención. Lo propio es siempre motivo de exaltación y elogio sin límites: Orgullo isleño, escriben por aquí en La Isla de San Fernando en muros y paredes, y en otros lugares; Soy de Linares, donde tres huevos son dos pares; Soy español y andaluz, casi ná …,. Pero en la mayoría de los casos, se hace chacota de la falta de hospitalidad de las gentes, de la ruindad, de la tacañería de este o aquel pueblo, y todo en un contexto entre lúdico y burlesco, lo que salva al refrán e ser un insulto: En Baeza hambre, y en Úbeda, carne; Alcaudete, míralo y vete –refrán que yo tenía asociado a Cañete la Real, de Málaga, tierra por donde di mis primeros pasos–; los mandamientos de la Carraca: que cada uno fume de su petaca; Campillos tierra pillos; En Moguer sacaron Cristo a palos porque no quería llover). Pero es la mujer la que peor parte se lleva en esta “semántica del vituperio”. La mujer es concebida como modelo de tozudez: De Jaén ni borrica ni mujer; como hipérbole de la suciedad: En Porcuna, una puerca es cada una; La aseada de Burguillos, que le corría la mierda por los tobillos; también es caracterizada sexualmente de manera negativa: Las de Montilla, calientes de rabadilla; Córdoba, agua fría, mujeres calientes (aquí la rima se ha dejado de lado).  La calificación de puta es abrumadoramente numerosa, lo demuestra el sesgo machista de las paremias o refranes: En Moguer, busca el vino y la buena mujer; el vino lo encontrarás pero la mujer,así, asá; En Loja la que no es puta es coja; En Adra, la que no es puta, ladra; En Andújar la que no es puta es bruja; y, finalmente, En la Cañá de Ojea, la que no es puta, putea. Tomemos todo esto en su justa medida y adscribámonos a lo que Karl Kraus, estudioso del tema, escribió: “El aforismo no coincide nunca con la verdad: es una media verdad o una verdad a medias”. Con esta cita nos quedamos.

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8.- FERIA DEL LIBRO

El jueves se inauguró la Feria del Libro en La Isla. Hace décadas, en el emblemático 23de abril—aniversario de la desaparición de los dos genios, Cervantes y Shakespeare— se celebraba el “día del libro”, una fiesta más bien simbólica y académica. El mercantilismo convirtió ese día en feria, lo que implica un mercado con aspiraciones de expansión, un lugar público al que deberían acceder multitudes y un período más amplio de tiempo, porque para el que vende libros y para quien los escribe 24 horas no dan para nada. Razones climatológicas desplazaron abril a junio, mes en que las tardes, gozo y milagro de Dios, invitan al ocio y abren el espíritu a lo vivo y lo perenne. La curiosidad nos lleva a los anaqueles repletos de esos libri —tejidos libéricos de los árboles— o, más ramplonamente, conjunto de hojas que forman un volumen. A partir de 49 páginas tenemos, según la Unesco, un libro. Lo importante del libro es su mensaje, lo espiritual, lo inasible que se asienta en un soporte cuya naturaleza ha cambiado con el tiempo (piedra, bronce, papiro, papel, disquette electrónico …). Dicen que la tecnología, internet y el cambiante futuro son una amenaza para el libro. No lo creo. En último extremo seria el continente el amenazado, no el contenido y éste es el que realmente importa. Los peligros los traen otros vientos. Umberto Eco nos recuerda que “el mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee” —“lámparas apagadas” los llamó Prevost—. Tenemos que darle la razón, pero más triste aún es pensar en el número de obras que podrían escribirse o que, escritas, no ven el alba de su publicación por razones espurias. Por lo demás, el libro no necesita ser defendido, él solo se defiende, se protege, supervive. Y en la dialéctica del leerlos o no leerlos, de si la civilización del libro o Galaxia Guttenberg está desapareciendo o no, bueno será recordar la terapia que para Quevedo era el libro cuando escribía desde su Torre de Juan Abad: Retirado en la paz de estos desiertos,/ con pocos pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos/y escucho con los ojos a los muertos.

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9.- MONTERO GALVACHE

 Mi columna anterior se tituló Feria del Libro y como ésta no concluye hasta mañana con ese concierto en el templete de la Alameda, a vueltas voy con ella. Las autoridades municipales, que a veces tienen orejeras u oídos de cartón-piedra, han acertado de pleno dedicándosela a un cañaílla de pro fallecido poco ha: Francisco Montero Galvache que murió, como deseaba, “de poetón viejo” y admirado. Si hubiera que definir con una sola palabra a Montero ésta sería la de pregonero, y no sólo de Andalucía. La etiqueta sufre connotaciones detractoras. Umbral, escritor heterodoxo y epatante, el de la prosa luminosa y fresca para el que el lenguaje es un ejercicio de primaveras, considera a los pregoneros cultivadores de una literatura residual del franquismo en la que la palabra es adorno y no incendio… Jesus de las Cuevas cree, por el contrario, que “…hay como una vergüenza de decir bien las cosas”. Desde luego, Montero Galvache no sintió esta vergüenza y confiesa: “.. toda mi vida ha sido, literariamente, un deseo sucesivo de buscar el ángel de la blancura isleña para mi palabra y para mi obra”. Y así inventa la voz “cañaillear”: “…valga el verbo, por lo que tiene de puro gozo náutico”, escribe. Mantenedor de innumerables Juegos Florales y Pregonero, sí, de Cristos y de Vírgenes bajo todas las advocaciones y en cientos de lugares, pero también de Reinas, Damas y Fiestas de aquí y allá. Poeta de verso fácil, maestro de la décima, cultivador de todos los metros, y cuando escribe prosa se convierte en un prosista luminoso, preciso, brillante. Pero no sólo eso, porque de serlo su estatura en las letras andaluzas hubiera quedado enana y con más sombras que luces. Fundador de las Revistas Cauces y Estela, director de Gala y del periódico Ayer de Jerez, es autor de diversos poemarios, novelas y relatos. Una obra inédita, prosística o lírica, de este isleño que presumía de serio y para quien La Isla era una blancura en el recuerdo. Obra parcialmente inédita que queda bajo la tutela de su hija y albacea Purificación, allí, junto al Guadalquivir, a la espera, y viendo… los barcos venir/con las claritas del día.

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10.- ENTRE EL RIESGO Y LA AVENTURA

No podía ser de otro modo, hemos empezado el nuevo siglo con los mismos negros nubarrones con los que despedimos el pasado. Nuestra sociedad sigue siendo la sociedad del riesgo, qué duda cabe, la que Ulrich Beck nos describió magistralmente hace quince años. Ya el primer día del año, que lo era del siglo y del milenio, amanecíamos con un coche cargado de explosivos en una zona superpoblada sevillana –se dijo que de 100 kgs., luego que de 160, en todo caso una barbaridad– y nos acostábamos con la noticia de varios alpinistas catalanes, primero desaparecidos, luego sepultados en la nieve. Lo primero se inserta en el contexto de la barbarie atroz y canallesca de ciertos malnacidos. Lo segundo pertenece a la manifestación melancólica por el riesgo que toda aventura supone. Conclusión: vivimos inmersos en la cultura del miedo, una especie de catastrofismo latente y de nuevo cuño que ha sido diseñado por alguno de tecnocalipsis (algo así como la tecnología al servicio del Apocalipsis). Dejemos a un lado la amenaza nuclear, no tan acuciante como lo fue durante la Guerra Fría. No insistamos en el riesgo de escapes radioactivos tipo Chernóbil. No abundemos en la amenaza del contagio masivo de enfermedades como el Sida, a la que el barebaking homosexual –sexo sin profilaxis– le da patente de corso; o del virus del Ébola o del de las “vacas locas”, ya entre nosotros y de manera alarmante. Me refiero a lo que los sociólogos llaman “melancolía del riesgo” o de la aventura y que es algo así como la espina bífida de esta sociedad tan enferma. El discutido y discutible atractivo de ciertos deportes: submarinismo, barranquismo, alpinismo, por no citar el parapente, el rafting o el kajak y un largo etcétera conlleva un alto grado de siniestralidad buscada sólo comparable al consumo creciente de las drogas de diseño. Incluso la apertura de los parques temáticos Terra Mítica y Port Aventura  son exponentes de esa cultura del riesgo –cultura del miedo– en la que queremos introducir a nuestros hijos ya desde pequeñitos. Para más abundamiento, ciertos programas televisivos –pienso Supervivientes  o  en  Al  filo de lo imposible– son voceros de grupos mediáticos interesados en poner también su granito de arena para que la indefensión social no decaiga. Si lo que Giddens llamó  “incertidumbre fabricada” no basta, si la violencia política y fanática actual que nos asola no parece suficiente ahí tienen Uds. unos magníficos mimbres con los que confeccionar una sociedad asqueada y decadente que comienza una nueva andadura milenaria. En nuestras manos está enderezarla.

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11.- ELOGIO DEL BOTIJO

“Las cosas no son como antes’, dicen nostálgicos y desencantados, y puede que tengan razón. Heráclito ha pasado a la Historia por haber dado a esa idea, intrínsecamente filosófica, una formulación precisa: punta rei, todo fluye, todo pasa. Pudo haber dicho que todo es uno y lo mismo pero se fijó en el cauce del río y no en la montaña. Estamos en plena canícula —cuando la estrella Sirio sale y se pone con el sol— y, por ende, los calores, que por aquí abajo llamamos ‘las calores’ en una transmutación del género que expresa lo extraordinario del fenómeno. Pues bien, refrigeradores, aires acondicionados y otras formas de frío industrial acabaron con ellas y en su agonía y muerte se llevaron también el botijo. El botijo, ese recipiente de barro cocido o de cerámica pintada,  fue el compañero insustituible y refrescante de las horas tórridas de generaciones de españolitos de Despeñaperros para abajo. En el adagio “No hay gitano sin alijo, ni verano sin botijo” podría plasmarse la dorada infancia de muchos de nosotros, pasada entre racionamientos y calores. Su cuerpo, abultado y turgente por arriba y estrecho por abajo, como el cántaro, hicieron del botijo galán onmipresente en todas las pasarelas veraniegas. El servicial botjjo, humilde aljibe aplacador de tanta sed, refrescador de tantas fauces y gargantas abrasadas. A alguien puecle llamársele peyorativamente “alma de cántaro,’ nunca ”alms de botijo”, por algo será. Píndaro, en su primera Oda Olímpica, canta entusiásticamente: Lo mejor, el agua, y eso que el poeta no conocía el botijo en las tardes caniculares de su Hélade. Sabemos que el agua químicamente pura no es potable y el mayor mérito del botijo es que no purifica la que almacena, sólo la hace más apetecible y fresca. Sacra acquae sitis!, exclamaban los latinos ante una fresca vasija pompeyana. Tentación sublime: los gélidos tragos de un botijo acabaron con la vida de Felipe el Hermoso. Decir que la civilización del siglo XX —la descrita por Spengler en su obra La decadencia de Occidente— ha sido la civilización del botijo es un exceso pero, a la vista de lo que la Ciencia y la Tecnología nos tienen preparado, la de este siglo puede que sea, la civilización del botijo, el añorado, reconfortante y fiel botijo, siempre dispuesto a ofrecernos sorbos generosos de rocío.

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12.- VEINTICINCO AÑOS (I)

Pasada ya la resaca de las celebraciones—muerte de Franco, advenimiento de la democracia, instauración de la Monarquía y otros eventos de no menor calado—, parece de interés incidir en algo que en estos días no se ha resaltado, creo, a propósito del periodo aludido. Veinticinco años constituye un lapso de tiempo suficiente para no sólo hacer memoria sino balance, quizá por ello la dase política y los medios de comunicación tienden a considerar emblemático un período así. Eso ocurrió por los sesenta con la celebración de lo que acabó llamándose “veinticinco años de paz”, algo que algunos nunca llegaron ni a admitir ni a digerir a pesar de la celebración, que adquirió la parafernalia y el carácter de los grandes fastos. Pero mi reflexión no quiere ser política sino social en el más amplio sentido del término, también cultural. Hace 25 años precisamente —septiembre del 75— ponía yo pie en la Isla con mi familia y, lo natural, había que buscar un techo. Las únicas opciones estaban en la calle Isaac Peral, donde existía el último piso de una reciente construcción, o, si podía esperar en el edificio que hoy alberga, frente al Ayuntamiento, un conocido vídeo-club. Esta penuria de vivienda no era sino la cara más triste de otras carencias. Pero eran años de vacas flacas. Dense un paseo hoy por la ciudad y no verán sino nuevas construcciones, nuevas urbanizaciones, rehabilitación de viejas casas y edificios, reformas, nuevas calles recién bautizadas. … Hasta nos permitimos construir una fuente faraónica que lleva cuatro meses con su cangilones parados, mudos. Por aquellos años echarse a la carretera era una aventura e ir a la capital de este país que llamábamos España, toda una odisea de horas y horas con aquellas carreteras de una sola vía en cada dirección que en la Cuesta del Espino o en Despeñaperros se convertía en auténtico calvario. Hoy hacer ese trayecto, sobre todo con un buen coche, resulta hasta un placer. Hace veinticinco años no salíamos de la noche de los tiempos ni veníamos del infierno como alguno quiere hacernos creer aunque, eso sí, la llamada “generación de la tortilla” se aprestaba al asalto democrático del poder, que se consumaba sólo siete años después. Mayor madurez política y social no cabía. El número de analfabetos entre los españoles de entonces se barajaba en los cenáculos europeos para, con los resabios de nuestra Leyenda Negra, escupirnos que España empezaba en los Pirineos. Y más cosas que recordaremos.

13.- VEINTICINCO AÑOS (II)

Nos ocupábamos la semana pasada del panorama que se extendía ante nuestra vista hace veinticinco años. El terrorismo —ese horror, ese cáncer lento y hondo, esa nauseabunda herida— ya nos azotaba pero existía una esperanza, ¿existe ahora? El paro no era un fantasma, desde luego, y por tanto no había hecho su aparición la cultura de la litrona y la movida (“Paro = litrona”, dice un grafito en un lugar de la Isla, y no le falta razón al periodista callejero). El ordenador se asomaba tímido por alguna empresa de la gran ciudad, aunque seguía siendo un perfecto desconocido en los hogares, y de Internet se conocía medio nombre (¡Net!, era lo que se gritaba en las canchas de tenis cuando la bola rozaba la red). Incluso el fax, que nació robusto y que intentó echar a patadas desde el principio al Código Morse y al correo tradicional —iranías— ya agoniza en plena niñez aplastado por el correo electrónico (el email, el “emilio”, que decían algunos), un total desconocido por aquellos años en nuestra piel de toro. Y por aquellos años también los cines de La Isla, para qué citarlos, enmudecían de un modo u otro. La TV, ya protagonista y compañera luminosa en nuestras vidas, comenzaba a ensayar sus “programas basura’, lo que no lograría del todo hasta meternos en casa al Gran Hermano, al Bus y al  South Park. En la Calle Real el locutorio de Telefónica sufría enormes aglomeraciones por las tardes, sobre todo. También los fines de semana, y ello para poder hablar unas palabras por cantidades nunca desdeñables con la familia ausente. Solicitar un teléfono era misión posible pero verlo instalado, misión más que imposible. Hoy el móvil —pequeño y endiablado artilugio— impone nuevos hábitos y arrasa viejas costumbres. La peseta, aquel invento de Don Laureano Figuerola en el pasado siglo, era algo más fuerte que la libra esterlina, el marco alemán y el dólar americano de lo que es ahora y no sospechaba ni remotamente que una nueva unidad monetaria, el euro —engendro o panacea— acabaría con ella con la entrada del siglo y el milenio. Y, en fin, el Seat-600 era todavía el dueño del asfalto, la segunda novia del españolito medio, vitola del progreso y del éxito personal, y a los que tuvimos uno nos parecía lujoso como un RollsRoyce, cómodo como un Bentley y veloz como  un Porsche o un Masserati. Son sólo unas pinceladas. Veinticinco años. Tantas luces, tantas sombras….

14.- MADRE CORAJE

Naturalmente no me refiero a la famosísima obra homónima de Bertolt Brecht estrenada en 1941 como alguno pueda creer al oír que tal señor o tal señora colabora con Madre Coraje. Me refiero a esa Organización No Gubernamental (ONG) para ayuda al Desarrollo y cuyos fines son básicamente humanitarios y asistenciales. Las ONGs, como se sabe, están presentes en el panorama internacional desde la segunda mitad del siglo XIX y si en 1909 había registradas unas 200 a fines de siglo existen más de 2000, algunas, como la Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Manos Unidas y muchas otras, son organizaciones de un gran poder social, mediático y económico. Madre Coraje, en cambio, es una organización modesta, humilde y callada pero con una actividad y una honestidad a toda prueba. Aunque tiene ámbito nacional, en nuestra provincia comenzó sus actividades en febrero de 1991, precisamente en Jerez, y ya tiene delegaciones no sólo en Cádiz, también en otras poblaciones gaditanas. Es de esperar que pronto abra sede en La Isla. María Elena Moyano, la fundadora, mujer casada y con hijos, fue apodada Madre Coraje por el Grupo Terrorista Sendero Luminoso, que, paradójicamente, acabó asesinándola en 1992 cuando asistía a actividades organizadas por un “Comité del Vaso de Leche”. Su entrega y abnegación en favor de los niños pobres de su país le valió el Premio Príncipe de Asturias a la Solidaridad en 1987. ¿Por qué centrar toda su actividad especialmente en Perú? Por múltiples razones. Sobre todo porque Perú tiene la mayor tasa de mortandad infantil de toda Iberoamérica —más de 200 niños mueren cada día por falta de alimentos, medicinas y abandono—. Téngase, además, en cuenta que hay más de cinco millones de seres alrededor de Lima que viven en condiciones infrahumanas. Colaborar con Madre Coraje significa entregar aquello que nos sobra, puede que incluso nos estorbe: ropa usada; medicinas no caducadas; aceite usado con el que se fabricará un jabón de alto poder higiénico y sanitario; o entregando alimentos no perecederos —Operación Kilo—. El voluntariado —mujeres y hombres— no sólo clasifican, empaquetan y envían todos estos donativos, también elaboran suero glauco-salino (T.R.O.) según fórmula de la UNICEF y colaboran económicamente para el transporte de todo ello hasta su destino. Solidaridad, entrega, cooperación para el desarrollo de los más necesitados, de los más pobres, los niños, porque lo dijo Gandhi: “La tierra brinda lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos”. Las actividades de Madre Coraje tienen mucho que ver con estos principios.

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15.- REYES MAGOS

Hay fechas de las que el columnista no puede zafarse. No hablar hoy de los Reyes Magos es como ignorar las voces y sus ecos. Si lee estas líneas probablemente se encuentre rodeado, o enterrado, en un montón de cajas vacías, vistosos papeles, cintas de atractivos colores…, es la parafernalia mágica de una noche mágica para chicos y grandes, porque seguro que Ud. ha recibido su parte alícuota de sorpresa, el don en el que sus hijos, su esposa, sus parientes y amigos plasmaron la realidad de un afecto, de un amor que el tiempo se ha encargado de hacer sólido, inexpugnable ante las cornadas de los días. En casa —quiero decir mi casa—los Reyes Magos, de siempre, nos visitan por Navidad, costumbre inglesa, aunque uno no sea anglófilo empedernido. Que lleguen tan pronto no puede extrañar ya que los Reyes Magos, por magos que sean, no pueden acudir a todos los hogares el mismo día ya la misma hora, necesitan un tiempo para el reparto, pero, eso sí, se reciben con la misma ilusión con que lo hacíamos siendo niños. Dicen, y así lo parece, que el patinete—versión sofisticada del patín de nuestra niñez— ha sido el juguete más solicitado a estos Reyes del 2001, que se las han visto y deseado para que los fabricantes atendieran sus ingentes pedidos. Al final parece que no ha habido problemas, con un poco de magia adicional por parte de aquellos y de horas extras por la de éstos todo se ha podido arreglar. Yo hace años que suspiro por la vuelta del patín o del patinete por ver si la patineta —esa tabla endiablada de cuatro ruedas, cuyo recorrido suele terminar en un salto acrobático seguido de un insoportable estruendo— junto a sus aguerridos pilotos desaparecían de mi calle y me dejaban dormir, leer, hablar, oír música o ver la televisión —actividades legítimas de un ciudadano que paga a regañadientes pero religiosamente sus impuestos—. La lástima es que no se generalicen las consolas de juegos, que siempre son más silenciosas, aunque eduquen menos que un libro. Y hablando de patines, patinetes y patinetas, cuidado con los patinazos que se avecinan, los que puede recibir al atravesar una calle o una acera, los que se puede dar con tanto socavón, loseta levantada o caca de perro, regalo no de Reyes precisamente, y, sobre todo, cuidado con lo que se le puede venir encima con los patinazos que dan otros, ésos que gobiernan nuestras vidas y haciendas. ¡Que de todos estos patinazos nos libre Dios en este 2001! Es mi mayor deseo.

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16.- FÚTBOL FÚTBOL

“¡Comienza a rodar el balón!”, oiremos en la tarde/noche de hoy, aunque durante el verano no ha dejado el balón de dar vueltas.
Con el balón comienza a rodar también el curso político, el laboral y el académico y ese saque desde el centro del terreno de juego echa a rodar, en efecto, vidas y haciendas, rutinas, fobias y filias, y las santas — todas ellas— perderán el humor y la paciencia con tanto partido televisado. Pero, como no hay mal que por bien no venga, las tiendas de televisores aumentarán sus ventas en aras de un nuevo aparato que no se sabrá dónde colocar. De pequeños oíamos decir que el fútbol era el opio adormecedor de nuestra conciencia política y ciudadana y se citaba nada menos que a Juvenal: Panem et circenses, es decir, ¡Pan y fútbol! Pero quien gobernaba parecía no enterarse y si se enteraba… ¡por allí se las dieran todas! Aquello sólo era afición, deporte y espectáculo.
¿Deportes de verdad? Saltar a la pidola, trepar para coger moras o almendras y las patadas a una pelota de trapo, eso sí era deportes y del bueno. Para cambiar, el cambalache de cromos con aquellos héroes del balompié que nada tenían que envidiar a los Raúles, Figos y Zidanes de ahora. Como nosotros, Di Stéfano aprendía entonces a leer en su escuelita platense: “la g con la o, go, con la 1: gol” y el maestro —supongo— sonreiría. Nadie hacía las paradas en palomita como Eizaguirre —aquel portero vasco del At. de Bilbao y de la selección con su visera y sus paradones, o como Bañón, Mundo y Gorostiza con sus fintas y golazos eran en el área auténticos elefantes en una cacharrería. Era una edad de ensueños y oropeles y España entera —en las antípodas de lo que es hoy— era del Atletic, del Sevilla, del Madrid o del equipo que nos daba la gana. Hoy somos (casi) todos del Real o del Barça y los derechos de televisión o de imagen (ropas, zapatos deportivos, bebidas isotónicas, etcétera) han convertido al fútbol en el gran negocio —big business— del siglo agonizante, una selva de intereses multimillonarios con el fútbol y el futbolista, que no es pieza de caza sino descarado cazador y mercenario donde los haya. Y el público, vociferante vulgo —Vulgo y loco todo es uno, escribió Quevedo—. Y que luego nos vengan con lo de Mens sana… ¡Y una higa!

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 17.- NUESTRA LENGUA

Un compañero de columna escribía aquí hace unos días que “Las patrias son las palabras”. Es cierto, pero no sólo las palabras. Patrias propias se han construido—a veces artificialmente— o sufrido, manteniendo las palabras ajenas, la lengua de aquellos a quienes se les dio la espalda voluntariamente. Piénsese en los países emergentes de dictaduras homogeneizadoras o de colonizaciones más o menos duraderas. En Cataluña aparece impreso estos días en un cartel callejero el art. 3.1 de la Constitución Española: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla”, para añadir a continuación en catalán, claro, que los jóvenes catalanes dicen no a la Constitución Española y no, por tanto, a ese art. 3.1. Hasta aquí lo noticiable. Es admirable que en esa región y en otra en boca de todos durante ya demasiado tiempo se rechace o se intente silenciar una lengua de 400 millones de seres —ellos incluidos— en favor de otra, la suya propia, hablada por unos miles. Dejando a un lado esa actitud necia y aldeana, ¿cuál es el presente y el futuro de nuestra lengua? El director del Instituto Cervantes se acerca al tema no con visión catastrofista sino todo lo contrario. El español es lengua en continua expansión y progreso desde el siglo XVI. Hace 100 años hablaban castellano 60 millones de personas, hoy son 400 millones y aunque fuera sólo por razones demográficas el siglo XXI no supondrá freno alguno a esa expansión. Frente a otras lenguas europeas el español se consolida como segunda lengua internacional, como lingua franca, después del inglés. En EE.UU. el 70% de los universitarios eligen nuestra lengua como segunda opción y sólo el resto solicitan otra. Por la importancia de ese país, referente mundial de primer orden, el efecto será inmediato y multiplicador. Otro tanto ocurre en Brasil, cuyas autoridades han decidido impulsar de un modo oficial la enseñanza del español en las escuelas secundarias brasileñas. Pero el futuro de las lenguas está en los medios de comunicación, en la sociedad de la información. Hoy el español es la segunda lengua en Internet, y el desarrollo económico de Iberoamérica —por su participación en Mercosur y la creciente importancia de las inversiones desde España— supondrá el espaldarazo definitivo del español en la sociedad de la información. Ésta es la lengua despreciada y vilipendiada a veces por unos cuantos ciudadanos de mentalidad cerril y enana. Aunque ya se sabe, los necios de nacimiento difícilmente tienen cura.

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18.- REZAR O NO REZAR

La polémica suscitada a propósito de unas palabras del Cardenal Rouco pidiendo rezar como única salida ante el hecho terrorista invita a la reflexión. Los que se alinean con el Prelado tienen razón porque, si se es creyente, no puede uno renunciar al recurso de la oración cuando la situación está al límite y las soluciones no llegan en el enfrentamiento terrorismo versus democracia. Los detractores y fustigadores de la solución eclesial no dejan de tener razón tampoco si todo queda supeditado al rezo como única salida. Cabe aquí adoptar una postura ecléctica que el dicho A Dios rogando y con el mazo dando la hace más que entendible. Mazo, sí, y no en sentido figurado, como suele utilizarse, sino en sentido literal: medidas policiales, leyes ad hoc que rectifiquen esa aberración del art. 18 del vigente Código Penal, cumplimiento de penas, etc. Pero dejemos a un lado la política. Es el tema del “rezo sí, rezo no” el que quiere inspirar este apunte. En el fondo se trata de posicionarse en la acera religiosa o en la de enfrente y en estos pagos y tiempos decir que uno, con todas sus dudas a cuestas, frecuenta los predios de la religión —atadura y compromiso— es tanto como declararse carrozón, aunque creo que de los cincuenta para arriba todos padecemos sarpullidos de carcundia. Al respecto, sin embargo, me gustaría mantener siempre una actitud llamémosla “anglosajona”, la de no sabe, no contesta. Convives años con un británico y puedes llegar a saber su hora del té pero nunca si vota Liberal, Tory o Laborista; si es católico o anglicano. Por nuestros predios eso difícil, por no decir imposible. Mi Decálogo Interior, poema que preside mi mesa de trabajo y espero que mi vida, dice en una de sus redondillas: En política y creencias…,/dirás lo que des por cierto,/no es bueno, nunca es acierto/esconder tus preferencias. Cuando la barbarie terrorista ahoga, ¿qué cabe hacer? En los campos nazis de exterminio el rezo era un clamor sordo y sin límites que a la postre puso fin a tanta ignominia y muerte. ¡Claro que el mazo trabajaba por otros lados! Sólo los descendientes de los que rezaban vieron el fin de aquella locura llamada Holocausto. Así que voto por el rezo, ¡por qué no! Sobre todo, voto por la esperanza.

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19.- IMITACIONES Y PLAGIOS (I)

 “Juan, mi compañero, sigue confiando en mí”, manifiesta Ana Rosa Quintana, la presentadora acusada de múltiples plagios en su (?) novela Sabor a hiel. Juan será la única persona que confía en ella y es natural que la Quintana se sienta confortada porque ni Planeta —la editorial que le publicó el engendro— ni sus lectores confían ya en ella. Treinta millones de pesetas en el talego y que me quiten lo bailado, quería decir lo plagiado. Son pingües rentas de la popularidad. El tema relacionado con la violación de los derechos de autor —el famoso copyright— y su enemigo natural —el plagio— no es nada nuevo. La legislación y práctica judicial en estos casos es que la simple toma de un argumento no es en sí suficiente para que constituya delito. Sin embargo, si a ello se une una semejanza total de situaciones e incidentes aunque no haya realmente apropiación de palabras, frases o textos completos existirá causa suficiente para que se promueva una acción legal. Hace un par de años nuestro más reciente Premio Nobel, C.J. Cela, fue acusado de plagio ante los tribunales por un cierto escritor hasta entonces desconocido, y Luis Alberto de Cuenca, Secretario de Estado en la actualidad y antes Director de la Biblioteca Nacional, llama “homenaje a Gosse” el haber publicado un trabajo de trece páginas sobre piratería —¡qué ironía!—, de las que ocho pertenecían a la Historia de la Piratería de Phillip Gosse. Al final, picapleitos y togas en revuelo, carpetazo y sobreseimiento. Convengamos que la historia de la literatura no se ha ido construyendo ni se ha hecho ab nihilo. Que sepamos sólo Dios crea de la nada. El “nihil novum sub sole” que nos enseñaban con la Preceptiva Literaria es aquí más cierto que en otras esferas de la actividad intelectual. G.B. Shaw, el gran dramaturgo anglo-irlandés, edificó un corpus teatral inmenso y su obra para mí más sobresaliente —Man and Superman, sobre el mito del Don Juan— no hubiera sido posible sin Zorrilla y sin Tirso. El propio nombre del protagonista —Turner— es una deformación intencionada de Tenorio. Claro que el genio versátil, contradictorio y heterodoxo de Shaw hizo de él un conquistado y no un conquistador. Para Shaw la mujer es siempre la que conquista, el hombre es el conquistado —y puede que tenga toda la razón—. Pero hay otros casos especialmente notorios de los que me gustaría hablar próximamente, si tienen Uds. interés por el tema. Así, pues, hasta la semana próxima.

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20.- IMITACIONES Y PLAGIOS (II)

Sigamos con el tema iniciado la semana pasada. El novelista irlandés del XVIII Laurence Sterne extrajo del polifacético Johnson la figura de Tristam Shandy, protagonista de su novela más conocida —La vida y opiniones del caballero….—, y de la pareja Toby-Corporal Trim, copia del dúo cervantino Don Quijote-Sancho. Quizá por ello los críticos de todos los tiempos le han colgado la etiqueta de indecencia artística. John Fielding no hubiera podido escribir su Tom Jones sin la existencia de Cervantes y de la novela picaresca española. Y qué decir de Shakespeare, que entró a saco en historias y argumentos medievales para construir sus inmortales obras, lo que no resta un ápice a la genialidad de su obra. En Francia Mérimée y Corneille llegaron alguna vez al cogollo del alma española para tomar de ella lo que pudieron. T. S. Eliot -Premio Nobel- construyó una obra poética que, para mí, es más producto de laboratorio que de auténtica creatividad. (Y no olvidemos que “poesía” viene del griego poiein —crear—). La tierra baldía contiene cientos de referencias bibliográficas que el propio autor tuvo la honradez intelectual de reconocer y reseñar caso por caso. Un solo ejemplo. En la Parte II —Una partida de ajedrez— escribe: “La silla en que ella se sentaba, lo mismo que un bruñido trono, resplandecía sobre el mármol” (vv. 77- 78). (“Ella” es Cleopatra). Shakespeare tiene unos versos en Anthony and Cleopatra que dicen: La barcaza donde ella se sentaba, lo mismo que un bruñido trono, ardía sobre el agua”. Más literalidad… Y no sólo tomó del Cisne de Avon, también de Dante, Spenser, Middleton, Baudelaire, Webster, Milton y muchos otros. Desde prosa y poesía ajenas Eliot crea una obra propia, viva, original, diferente. Nadie lo tachó jamás de “plagiador”. Entre nosotros, Lorca construyó Bodas de Sangre a partir de un relato periodístico sobre un hecho ocurrido pocos años antes en un pueblo de la Andalucía profunda y en el que una recién casada huye con su antiguo amante. Por si fuera poco, la influencia en esta obra del irlandés Synge (Riders to the Sea) e Ibsen (Peer Gynt) está más que demostrada. Los casos citados no constituyen formas de plagio sensu strícto pero se le aproximan. ¿Disculpamos, pues, a la Quintana? ¡En modo alguno! Su proceder, muy distinto de los estudiados, le han hecho acreedora de indignidad y silencio futuros. Es cierto que su cuenta corriente perderá muchos enteros pero la literatura ha ganado muchos más. Los escritores que practican la indecencia artística sobran en el Olimpo de las Letras.

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21.- EL ÁRBOL DE NAVIDAD

Estos días de Navidad son días de signos y de símbolos, uno de ellos es el árbol. Pocos hogares españoles dejan de instalar su árbol de Navidad, solo o junto a un pequeño portal o belén y siempre cargado de luces y exornos. De todos es sabido que el culto al árbol, en especial al roble, es tan antiguo como los pueblos que ocuparon la actual Europa y parte de Asia, descendientes todos de los indoeuropeos. Con la llegada del Cristianismo el roble iba pronto a ceder su simbolismo protector al abeto, cuya forma triangular se prestaba a simbolizar mejor que ningún otro árbol a la Santísima Trinidad. El antropólogo británico Desmond Morris (El zoo humano; El mono desnudo, etc.) estudió profusamente el tema en uno de sus estudios: En torno a la Navidad. Se sabe que a mediados del siglo VIII se utilizaba en Alemania el abeto como un elemento cultural más dentro de las fiestas de la Navidad Cristiana y las diversas frutas y dulces que lo adornaron dejarían paso a las luces, oropeles, guirnaldas y bolas de cristal ya entrado el siglo XVIII. Los sopladores de vidrio de Bohemia fueron los creadores de los primeros talleres donde se iban a fabricar estos adornos de vidrio. En 1870 sus famosas fábricas de cristal trabajaban a pleno rendimiento en esta actividad que había empezada como un juego de borrachos. Pero ésta era otra historia. Los países del sur de Europa se resistieron a incorporar el árbol a la celebración pero la influencia francesa iba a ser decisiva para España, que a partir del primer cuarto de este siglo, en Cataluña primero y en el resto del país después, lo aceptaría sin más. Mi compañero de columna de los miércoles es un detractor del arbolito, prefiere el belén y lo comprendo. La novedad este año por estos pagos es el árbol fabricado con fibra de vidrio. Échale un vistazo, amigo Paco, creo que te gustará. La feria/desmadre de consumismo en que hemos convertido lo que debía ser una austera festividad religiosa lo impondrá porque, aunque notablemente caro, acaba con la tela de los retoños de abeto, es más limpio y ofrece una variada combinación de luces y colores de gran belleza y plasticidad y de manera duradera. Bienvenido sea. Y pasados ya estos días, al baúl, ¡ah!, y nosotros al tajo y a pechar con la cuesta de enero que cada año es más cuesta.

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22.- DESMANES EN EL IDIOMA

La Real Academia de la Lengua, la que “fija, pule y da esplendor” al idioma, debía poner límites a lo que Vélez de Guevara, autor de El Diablo Cojuelo —primer experimento literario del Gran Hermano televisivo— llamó “desmanes lingüísticos”. Su propuesta —ser tratado como traidor a la lengua— no sirve. Con la llegada de la Informática, PC e Internet sabemos qué es un e-mail, páginas web, bancos on-line y qué son clicks para chatear, que no es tomar unos chatos. Toda una explosión —no diré boom— de neobarbarismos. A la terminología ya asumida del fútbol (penalty, goal, corner, etc.) se añade ahora el footing, jogging, puenting, híbrido disparatado, y ¡horror! el tumbing. En las clínicas de belleza su mujer puede someterse a un lifting y su hija a un piercing en el alvéolo del ombligo. A los reality-shows televisivos de hace meses les sucede el show del Gran Hermano —al menos, evitaron el Big Brother orwelliano—y, tras las elección del casting, se ha nombrado como presentadora a una señorita que se autodenomina showman, (y por qué no showwoman?). Una elección —incluso a la presidencia de un club— necesita un mailing que puede leer mientras escucha esa canción tan bailona, la de un movimiento sexy, sexy, sexy… Si le gusta la TV vea thrillers, sino lea best-sellers —el cuarto volumen de Harry Potter se ha convertido en un big-bang editorial—, especialmente si se encuentra tirado en el aeropuerto porque en el checking point le han dicho que hay overbooking. Pero relájese y tome una bebida light, una gin-tonic o un sandwich, ante la presencia de algún componente de la jet(—society). Si quiere comprarse una casa hágalo por el sistema de renting (el leasing es para las empresas). Su hija, que es una chica con glamour especializada en marketing y que sabe inglés porque estuvo de au-pair, tiene este verano un nuevo look que a Ud. le gusta aunque no le perdona que sea fan de todas las músicas menos la clásica —pop, funky, rap, blues, reggae, rock, hiphop …, algo menos el jazz—. Lo que no podrá ni se lo aconsejo es que si su hija está viendo la televisión le haga zapping, ello podría proporcionarle un enorme stress para el resto del día.

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23.- HEREDEROS Y HERENCIAS

La noticia resultó más impactante que insólita. Una señora deja una fortuna incalculable —300.000 millones de pesetas, barcos, castillos, fincas…— que es reclamada por unos posibles herederos de la fallecida —tatarabuela—, con parentesco, pues, del quinto grado. Y resulta que uno de ellos vive en San Fernando. Sorprende enormemente no tanto el que se pueda acumular en vida tan ingente fortuna como el por qué y para qué acumularla si en el mejor de los casos el fisco —español y suizo— se llevará la mejor tajada y lo que quede  —resten minutas de notarios, abogados, comisiones…— irá a parar a unos lejanísimos parientes que ni sabía existieran, por lo que no tendrá el consuelo de su fallecimiento. Dicen que la liberalidad es una forma de timidez, más bien de autodefensa. La finada no debió ser tímida porque no practicó la liberalidad, desconocería el juicio de Bacon, que el dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza, si no no se explica tal amontonamiento de riquezas, claro que vaya Uds. a saber en qué queda todo, en España las herencias ab intestato llegan sólo al cuarto grado. Yo, de niño, viví una situación parecida. En el Perú apareció una herencia enorme para aquellos cuyo primer apellido fuera el del autor de estas líneas, y mi progenitor estuvo a punto de marchar a Lima. Los abogados le hicieron desistir de la búsqueda del vellocino peruano, ellos sabrían por qué. Pero mi reflexión tiene más que ver con la condición humana. El hombre es peor aún de lo que parece y ya parece bastante malo. Sólo un par de preguntas: ¿Cuántos problemas se hubieran solucionado en la India profunda y famélica o en el cuerno de África con esa fortuna? ¿Cuántas satisfacciones hubiera experimentado la infortunada si hubiera repartido entre quienes lo necesitan parte de esas riquezas que ha dejado no se sabe bien para qué? Nietzsche escribió que a un alma delicada le agobia el saber que alguien está obligado a gratitud con ella; a un alma grosera, el saber que ella está obligada a gratitud con alguien. ¿El alma de esta señora era delicada o grosera? Ustedes dirán. De todos modos, tatarabuelas así las queremos todos.

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24.- SELECTIVIDAD Y SORPRESAS

Los exámenes de Selectividad celebrados y calificados hace unos días han deparado situaciones que merecen algún comentario: El esperpento: Que un alumno de La Isla reclame o denuncie el planteamiento de un problema en el ejercicio de Dibujo Técnico por carecer de solución y que los expertos (?) mantengan que no hay error, para, finalmente, darle la razón la Consejería de Educación de la Junta al alumno y al colegio —el Liceo— y conceder los tres puntos del problema a todos los alumnos andaluces es, por usar una expresión en boga, “muy fuerte”. El ciudadano de a pie se pregunta qué se va a hacer con el experto o comisión de expertos que planteó un problema que carecía de solución a qué podrían dedicarlos. El absurdo: Seguramente tendrán noticia de ello. El Comentario de Texto propuesto —probablemente extracto de prensa— constituía toda una carga de profundidad contra el sistema educativo y contra el sentido de una joven vida dedicada al estudio y al esfuerzo en aras de un futuro mejor —ya saben: «Quien de joven no trabaja, de viejo duerme en la paja”—. Honestamente, ¿se les puede decir a esos chicos que han malgastado sus vidas estudiando cosas que ni les interesan, ni les sirven y que el consuelo que les queda es no tener que examinarse en el futuro? ¡Y se les dice precisamente a ellos, que quieren ingresar en la Universidad, en donde habrán de realizar innumerables pruebas y exámenes antes de titularse! El texto propuesto denigra los exámenes —los llama “inquisiciones angustiosas”—, así como cualquier selección, porque no garantiza un puesto de trabajo. Sólo el recluta del nuevo ejército —“oficio venturoso que no requiere casi nada, que no exige noches en vela”…, etc. y que en el “éxtasis de la pedagogía halagadora” no necesita títulos ni exámenes y sólo un coeficiente intelectual próximo a la estupidez o “catatonía” es suficiente porque, aseguran en el Ministerio de Defensa, cuanto más tontos sean los soldados más obedientes serán. ¡Que manejaran escopetas de plástico y tanques de juguete sería más tranquilizador! El que escribió la pieza literaria hacía uso de su libertad de expresión pero el que la eligió para este fin seguro que sufría una profunda crisis de histeria, demagogia, rencor y profunda insania.

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25.- REFORMAS

 Los que nos ganamos el pan enseñando —no digo “educando” por no caer en maximalismos— nos hemos llevado más de un sobresalto en el pasado por mor de las reformas que este Régimen, Gobierno o Ministro se sacaba de la chistera nada más ser ungido con el santísimo óleo de la autoridad. Lo peor es que el anuncio/amenaza no quedaba en simple amago, sino que se consumaba, quizá porque —cosas de este mundo— toda situación es manifiestamente empeorable.  Ahora la flamante ministra Del Castillo nos amenaza con un “paquete de medidas” (abominable sintagma) que va a afectar a LRU, LODE y LOGSE, que no está implantada del todo, —ley esta homologable a la que impusieron los laboristas británicos en su país en la década de los 64 y que tanta oposición concitó —algo que pude vivir personalmente—. Lo que fue allí un  fracaso lo implantó aquí, no sin polémica, el todopoderoso gobierno salido de las urnas en el 82 y con 30 años de retraso y es vox populi, clamor general, que la escuela española se movilizaría contra ella si le quedaran fuerzas para hacerlo. Volveré sobre el tema en alguna ocasión, pero antes permítanme contarle una pequeña historia que viene como anillo al dedo: Se cuenta de un hombre, ni joven ni viejo, que se casó con dos mujeres, una moza y otra no  tanto, cuando estaba en compañía de la joven, ésta, para hacerle parecer más mozo y atractivo, le arrancaba las cana una a una. Cuando le tocaba el turno a la mayor y para que lograra un aspecto venerable le arrancaba los cabellos negros que le quedaban. Como es lógico, no tardó mucho el pobre hambre en quedarse calvo.  Regímenes, Gobiernos y políticos de distinto signo han actuado en España con la Educación de modo semejante. Unos por unas razones y otros por las contrarias han dejado al pobre sistema educativo en una caricatura de sí mismo, en aspirante a esperpento. Más que reformar, ¿por qué no mejoramos lo hecho, lo que tenemos y lo dotamos de más y mejores medios y recursos humanos y materiales? El refranero, tan sabio siempre, nos previene: Lo mejor es enemigo de lo bueno. Nuestros políticos no parecen entenderlo. Es una lástima.

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26.- EL GENOMA

Científicos y comentaristas nos bombardean estos días con el hallazgo más importante desde el principio de la Humanidad, eso dicen. ¡Y ya ha habido hallazgos! “Mapa del ser humano”, “lenguaje de Dios”, “boceto del alma humana”, “libro de instrucciones del ser humano”…, un retrato interior que nos iguala a todos, al dueño de palacios y fortunas y al que apenas tiene un metro cuadrado para dormir por una sola noche bajo el Sena. El descubrimiento viene a decirnos lo que sospechábamos, que somos un diseño, una geometría, una armonía dotada de infinita complejidad cuya grandeza corresponde solamente al que la creó, Dios. Hasta aquí todo perfecto porque el logro, que abre infinitas posibilidades a la farmacología y a la medicina preventiva, podría acabar con la negrura de esas patologías que vienen azotando con saña a los humanos: cáncer, párkinson, alzheimer, sida, etc., un mundo de ensueño en el que la enfermedad puede ser detectada antes de aparecer, con lo que la esperanza de vida alcanzaría cotas imposibles de precisar. ¿No estamos a las puertas de un mundo de pesadillas y terrores? “El sueño de la razón produce monstruos”, dijo Goya, y ni el genoma o código genético ni ningún progreso científico impedirá que el hombre sea lo que ha sido siempre, un ser poco fiable que puede conculcar derechos y pisotear ajenas voluntades. Es cierto que el futuro es imparable y que, como al campo, no se le pueden poner puertas, pero lo que no se nos dice es cómo curar las patologías del espíritu, aquéllas que ya tenía el Hombre de Atapuerca. Lo que a la Humanidad le sigue interesando y acuciando es qué hacer con un mundo en el que no hay fármaco que acabe con el crimen, la explotación, la violencia, la desigualdad abismal entre unos pocos frente a muchos muchos, las guerras, las hambrunas, la destrucción paulatina de nuestro planeta y el egoísmo rampante que a todos nos muerde y zarandea. ¡Menuda asignatura pendiente esta del hombre! ¡Menuda ecuación la ecuación humana! ¡A ver quién la resuelve! Déjenme por una vez ser pesimista: me temo que el genoma no va a acabar resolviendo los grandes problemas del hombre, ese “lóbrego mamífero”, que decía el poeta.

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27.- NUEVO PATRONO

El Papa actual acaba de nombrar patrono de los políticos a Tomás Moro —o More—, aquel breve y polémico Canciller de Enrique VIII de Inglaterra. Moro fue un modelo de intelectual y de hombre público pero su fama se debe, sobre todo, a su conocida Utopía. Su figura empezó dando gloria y esplendor al reinado de aquel Barba Azul nombrado por Roma “Defensor de la Fe” y acabó tiñendo de sangre con su decapitación en La Torre de Londres un reinado convulsó y loco que consumó el Cisma de Inglaterra. La historia es popular, sobre todo porque Robert Bolt, el dramaturgo, la plasmó en escena de manera inigualable en A man for all seasons y llevada a la pantalla luego —en España recibió el título de Un hombre para la eternidad, que no está mal—. El acierto de este nombramiento es notable. Lo extraño era que los políticos —esa desvalida grey abandonada de la mano de Dios— no tuvieran su patrono, como lo tienen tantos oficios y profesiones. Nadie más necesitado de un valedor en el cielo que la dase política. Es éste un gremio aparte, una troupe de pobres hombres —todo hombre es pobre y el político más aún—, entre otras cosas porque su existencia como tal es efímera, coyuntural, que es lo que más le fastidia. “La gloria del político se parece a la gloria del actor —escribió Unamuno-, y añadía: “Todo lo que cosecha en aplausos de los que le oyen, lo pierde en admiración duradera. Es de ordinario un cómico y como a tal cómico lo tratan los espectadores”.  Cómico, en efecto. Como Don Juan, teje una tupida red de elogios y piropos ante esa Doña Inés —patria y plebe— a la que tiene, primero, que conquistar y, luego, que engañar y abandonar: ángel de amor, paloma, estrella, espejo, luz… Hermoso zureo de requiebros y promesas que al final queda en el olvido, olvido sólo comparable al que pronto sufrirán ellos. En América, cuando un chico descuella los padres se apresuran a decir que será Presidente de los EE.UU. Si acertaran tendrían un presidente por día, o tal vez por hora. Aquí, a lo más, se oye: “Mi chico quiere estudiar leyes para dedicarse a la política”. Y nos parece bien. ¿Qué podemos decir si quieren engrosar semejante farándula de autocomplacientes y engolados?  Lo peor del político no es su inconstancia y veleidad ante el electorado sino su falta de coraje cuando hay que tomar medidas duras o que le supongan coste electoral. Entonces es cuando el patrono debe intervenir. ¡Que Santo Tomás Moro les asista y proteja! De verdad que lo necesitan.

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28.- FRACASOS Y MEDALLAS

Vaya por delante que el deporte, el ejercicio físico y la cultura corporal me merecen el mayor respeto y admiración. El Olimpismo, en cambio, me trae al fresco. Ha transcurrido una semana desde su clausura y aún perdura la resaca de los Juegos Olímpicos. Y en nuestro país ha quedado un sabor más agrio que dulce. El fracaso ha sido la mies de una cosecha que se presagiaba sencillamente mediocre. De siempre la expresión “colgarse medallas” ha tenido una carga negativa, despectiva más bien, pero hete aquí que cada cuatro años se forma un barullo descomunal en el que los países luchan, compiten, pugnan, pelean por colgarse cuantas más medallas mejor. El triunfo olímpico supone algo así como el triunfo de la patria, del país, nación o estado, que para designar realidades geográficas, sociales, raciales o políticas se recorre en nuestros días y sin empacho a la más variada polisemia. No comprendo ni acepto ni comparto el síndrome olímpico, por llamarlo de algún modo, en el que estamos inmersos por mor de los malos resultados obtenidos ni me parece aceptable que se plasme la gloria y la grandeza de un país en la obtención de unas medallas, porque ¿qué diferencia habría si en lugar del vigesimoquinto puesto hubiéramos quedado en el primero? ¿Es que los problemas que nos acucian desde años, agravados en los últimos tiempos, días y horas dejarían de serlo? A mí todo esto del Olimpismo me parece un bluff  fomentado por el mercantilismo y la propaganda más agresivos. ¿No es ésta una faceta negativa más de la globalización? Hay un hecho cierto: el descrédito y abandono que sufren deporte y educación física en nuestros colegios y escuelas. No existen instalaciones adecuadas ni suficientes. En los programas o curricula escolares la concepción y el diseño de estas asignaturas siguen siendo lo que fueron. ¿Recuerdan aquellas tres Marías de tiempos no tan lejanos? Pues eso, la última María —la llamada Educación Física— que, por serlo, no se imparte con el rigor mínimo exigible. Lo del Olimpismo —puro gigantismo deportivo— es un camelo. Lo que los chicos y jóvenes necesitan no son medallas sino una formación integral en la que deporte, gimnasia y educación físico-corporal no sean impartidos por profesores sin especialización, en lugares inexistentes e inadecuados y en horas inapropiadas e insuficientes. Ah, ¿y qué fue de los Juegos Escolares?

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29.- PEDAGOGÍAS

Iré del corazón a mis asuntos, como escribía el poeta de Orihuela. Mis asuntos, que son los de Uds. En la actual polémica sobre las Humanidades y la reforma del sistema educativo se está cayendo en lo que debíamos evitar:
la politización y la confusión. La semana pasada comentábamos el texto propuesto en la Selectividad y decíamos que aquello constituía una muestra del grado de confusión presente entre intelectuales y docentes. Llamábamos al dislate “absurdo” y viniendo posiblemente de un intelectual resentido Ortega lo habría calificado de “monstruoso”. El que escribe no es militarista, aunque reprochaba la gran dosis de antimilitarismo del texto, pero tampoco soy lo contrario, a pesar de que mis trece meses de mili fueron inútiles, vacuos, decepcionantes y desgraciados, un fiasco, y todo gracias al capitán de mi Compañía, allí en la Avda. de la Borbolla sevillana, que odiaba a los “chulos universitarios’, según decía. El otro aspecto del famoso texto, modelo de anti-pedagogía, constituía un ataque frontal al sistema educativo, que sabemos adolece de falta de rigor, esfuerzo y disciplina —pilares básicos de toda educación—. Nuestra enseñanza se mueve en el terreno de lo espontáneo y de lo lúdico. En la Inglaterra posvictoriana  —como reacción a un período histórico caracterizado por los excesos en los terrenos de la moral y de la intolerancia— se creó una institución basada en la enseñanza lúdica, en la ausencia de castigos y en la total libertad de los curricula escolares. Toda una utopía. Las diversas promociones de aquel tristemente famoso centro fueron legiones de chicos ignorantes e inadaptados en una sociedad altamente exigente y competitiva. El experimento duró pocos años ante el descrédito general. Aprender no es un juego sino un camino espinoso y lleno de sacrificio en el que hay que contar con el fracaso porque ni el aprobado es un derecho ni el suspenso una injusticia. El inculcar que el suspenso es un agravio es una falacia y un fraude, un atentado a esos chicos que un día serán mayores cargados de responsabilidades. Metas mínimas de la pedagogía moderna son: aprender a informarse, aprender a pensar y aprender a expresarse. Ah, y la disciplina, que según el Defensor del Pueblo andaluz, es un concepto desterrado sin haber sido sustituido por otro mejor.

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30.- PROGRAMACIÓN DE OTOÑO

Días atrás me preguntaba cuándo haría público la Fundación Municipal de Cultura isleña  la programación de la temporada otoñal para el Teatro de las Cortes. Me inquietaba que como otras veces hubiera problemas con la financiación. No ha sido así o no ha trascendido ni retrasado el diseño de lo que va a desfilar por el escenario del pequeño y entrañable coliseo isleño. Pues bien, ahí está para tranquilidad y disfrute de los aficionados a estas manifestaciones artístico-culturales. Una programación no puede hacerse a gusto de todos pero se acierta si complace a la mayoría. Si les digo la verdad me parece un programa no excesivamente variado pero compensado, porque somos conscientes de las limitaciones escénicas y presupuestarias del remozado edificio y de lo que es el inmueble: un pequeño teatro. ¡Lo que va de ayer a hoy! Recuerdo mis primeros años en La Isla, con aquellas esporádicas y ruidosas Compañías de Revista que nos visitaban con más empeño y voluntad que éxito —ya se apreciaba la decadencia del género en aquellos días—. El país estaba en pleno cambio cultural, social y político y aquellas bellas chicas, con pocas sedas y menos percales encima, reinas siempre de la noche, cifraban aquel cambio en enseñar lo que no se veía, por abultado que fuera, excepto en la intimidad de las alcobas. Hoy, por ceñirme solo a la programación teatral, nos visita la palabra de Gala, Rampal, Buero... Digo palabra y no espectáculo, porque en la obra dramática debe interesar más lo que se oye que lo que se ve. Y a oír vamos quienes gustamos del teatro. No es la plasticidad lo que nos atrae del teatro, es el texto, esa “audición colectiva” como alguien la llamó: lo opuesto a la lectura íntima, personal, solitaria e inconsciente. Quitad a una obra de Calderón, de Lope, de Tirso o de Shakespeare su texto, su letra, su mensaje y déjenle el movimiento escénico, el attrezzo, la pantomima: nos quedamos sin obra, sin este arte de Talía —guirnalda de hiedra y máscara— y compendio de todas las artes. ¿Crisis el teatro? Ahí lo ven, sólo ese mundillo de la farándula recurre al tópico. Vivo está como la vida misma. En fin de cuentas, “El mundo es un teatro y todos, hombres y mujeres, simplemente actores”, que diría el Cisne de Avon, aunque inglés, ya saben.

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