De música y elogios

Poemario dedicado exclusivamente a la música. Alterna el verso libre-dedicado a los músicos más conocidos: Beethoven, Chopin, Ravel, Schumman, Mozart, Bartok, etc.- con el verso regular o rimado en diversas combinaciones estróficas, especialmente el soneto- dedicado a la música en sí -instrumentos, movimientos, etc.-. Los textos seleccionados son: «El Allegro» -dedicado  a ese movimiento musical- en pareados; el dedicado a B. Bartok -en verso libre-; un soneto al Pentagrama y, finalmente, otro poema también en verso libre dedicado  a R. Schumman. El poemario resulta, así. estructurado al modo de «Sobre los ángeles» de R.Alberti: verso regular -especialmente el soneto- alternando con poemas de verso libre.

EL ALLEGRO.

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Ya lo oigo sonar con su aljamía.

¡Con qué gracia aquel viento lo traía!

Cenotafio sonoro, don de dones,

islote en que varar las ilusiones.

En sus aguas, en sus calmas orillas

el alma reposó sus rotas quillas.

Era canto nupcial que en mil lenguajes

dejaba en el oído sus celajes.

Al vaivén de sus goces vespertinos

la estancia se llenó de dulces trinos.

Ya conozco la esencia de lo bello:

la música regala su destello,

su lluvia de ternura y fantasía,

cristal en que se mira mi alegría.

El Allegro me rinde, me encadena,

mareaje que aleja toda pena.

Duende del aire, don del movimiento,

regalo del oído, manso viento.

El Allegro ya brinca delirante

como un gnomo druídico y bacante.

*

B. BARTOK: CUARTETOS PARA CUERDA.

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La noche es una aljama de cuerdas temblorosas,

un cuenco de metales sonando en esta urdimbre

de silencios espectrales, un baile

de notas lujuriosas y oscuras torrenteras.

La música está viva, delira o se entristece,

rumorea pequeñas confidencias,

idilios por los muros silentes y las piedras.

Si pudiera se quedaría ahí

batiendo su dulzor, su torre de suspiros,

desangrando su aroma de geranios.

Tiemblan los arcos y las cuerdas, y tiemblan tanto

que la música se vuelve lluvia sucesiva

de ternuras, de ritmos sorprendidos.

Oigo a Bartok, su música quebrada,

su mundo tan doliente, su turbio microcosmos.

Suena y llama a mi puerta tal ópalo de fuego,

agita imperturbable los tejidos

del pino glauco, del nogal umbrío,

del roble, ya un clamor entre las bóvedas.

Mágico Bartok, tan desconocido,

tan críptico, opaco Bartok.

Llega triste, tan húngaro,

con su pasado a cuestas,  sus ancestros

redados por siempre entre sus pasos.

Triste es el hombre, funerario el mundo

de esta música que, viva, reverdece

su eslava, arcana genealogía.

Abrasado está el aire de la noche

en el ángulo exacto, en el bullicio

sonoro de tan extraño y dulce contrapunto.

*

EL PENTAGRAMA

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¡Oh quíntuple, perfecta artesanía,

festín de musicales pensamientos,

camino paralelo, ordenamientos

de formas que atesoran simetría!

Hermética estructura: cruel porfía,

como plasmar en tela firmamentos

que aquí se vuelven todos movimientos

de notas en celeste sintonía.

Colmena de sonidos, fiel ropaje

con que el genio vistió sus ruiseñores

y arrobo que en la pauta se desvela.

Al aire sube ya, suelta el bagaje

de claves y compases divisores,

oh música, que al alma aspira y vuela.

*

SCHUMANN SE DIRIGE AL RHIN COMO A SU TUMBA.

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No será tumba el río,

no será testigo ni será meta

final de tus delirios y aventuras.

No serán sus yemas, su oscura espuma

tu losa o tu sudario,

ni esa floración de flautas, de címbalos

que viene con las aguas tu officium defunctorum.

Ya estás ahí, alerta y vigilante

desde el puente, más turbia tu mirada

que el Rhin de viejas selvas.

Haces inventario, fugaz recuento

de otoños y de exilios, de quimeras,

un carnaval con todas tus nostalgias

y tus sueños.

Corren lentas las aguas

cansadas de avatares y existencia

y corren como todo hacia su muerte.

hasta su cierto desvarío.

Se van, se van y un sordo griterío

resbala lentamente por la piedra.

Clara seguirá sentada ante el piano

con un arpegio tuyo entre los dedos

(Escenas Infantiles, los Lieder y Conciertos),

poniendo el alma rota en cada tecla,

una esperanza en prestos y crescendos:

sueños de amor que en salas rutilantes

te siguen recordando con ternura.

Y una magia desnuda,

un vuelo de palomas

recorre cada brazo, cada mano.

para morir feliz por el teclado,

blanco lecho de besos y amorío.

Vuelve a cerrar tus ojos y descansa.

Tu música no muere, ya es eterna:

una perpetua singladura,

un gozoso milagro,

tierra final de promisión, de exilio

y dulce sacramento en el oído.

*

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