Ya el otoño

«Ya el otoño» es un poemario lleno de ecos y nostalgias, canto a un tiempo ido, expresión lírica de lo que se tuvo y se gozó y también de las frustraciones que el paso de los años dejó en el alma con unas heridas difíciles de cicatrizar. El lector comprobará enseguida que la versificación responde a lo que se denomina verso libre, con la particularidad añadida de -con la excepción del soneto inicial-carecer de comas, puntos y los signos de interrogación o admiración, allí donde debían aparecer. Los párrafos se abren -y es fácil de comprobar- con letras mayúsculas. Requiere, pues, su lectura, una gran atención para la comprensión de lo que se quiere expresar. Es verdad que el nubarrón del pesimismo abunda en este horizonte pero he dejado algunos espacios para que el sol se vea, quiero decir, esperanza.

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OBERTURA

 

Una casa habité y fue por vida,

no tuvo otro inquilino, otro habitante.

En ella  fui feliz, no lo bastante

pues pronto se hizo vieja y desabrida.

 

Inhóspita y oscura, no convida

a gozar de la luz bella y cegante

que entraba por sus puertas deslumbrante,

preludio del desahucio o la partida.

 

Mis días van cerrando galerías,

tapiando sus ventanas, celosías

y amasando silencios en lo oscuro.

 

Me late el corazón lento y apenas

le importan ya los miedos y las penas

si mi casa se cae muro a muro.

 

I

Deja la vida un algo de dulzor y un mucho
de execrable un renovado olor
de amargo desconsuelo olor de tierra yerma
Acude el tiempo a veces y flagela
con su fusta de miedos y de escarnios
Qué juntos siempre el tiempo y los recuerdos
y las sombras calladas de la tarde
ungiendo con su amor tanta nostalgia.
*
 
II

No nos cuentan los sabios
lo que piensan los hombres
cuando van a morirse
No describen el color de sus ojos
ni si es dulce si es leve
el final extravío que sacude el cimiento
de nuestra entraña
si son balsámicos los grandes estertores
Yo quisiera saber lo que se siente
en el temblor final
en ese espasmo último
si el rumor de la vida se rompe o paraliza
si su música se vuelve chirriante
Quizás en tal momento
carezca de unidades con que medir los tiempos
que me quedan
ignoraré tal vez los sustantivos
para designar personas cosas y sucesos
y un desamor me llegue con arritmias
y piense que la vida se me va
y tenga yo conciencia
que dejo al fin la cueva tan sombría
el páramo infeliz
que siempre me habitó
Tal vez me reconforte la creencia
de un barro una ceniza
bendecida y sagrada
que remonta su vuelo hasta la altura
que surca los planetas
y arrastra cuanto fui al infinito
Habrá quizás entonces
una gran mano que se ofrezca y llene
tanto aspirar callado
tanto dolor disperso por mis huesos
y llegue finalmente a un santuario
de vastos pasadizos y azules impensables.
                                    *

III

Lo que fue del amor es siempre algo
que no aclaran los años ni los hombres
lo sé por este frío que me palpo
por esta sequedad en la que meto
mis dedos siempre incrédulos
El año se me ha vuelto una estación
de solamente invierno
mas debo agradecer y no sé a quién
la luz y el sol el fuego de otros tiempos
que en las venas sentí desordenado
Por qué ha de existir el frío sólo
si el cuerpo se aromó con mil veranos
de bosques y madroños
Callados permanecen silenciosos
el linaje la carne su imposible
lo descubro percibo sus silencios
aunque a veces feliz metamorfosis
una mano infinita le despierta
su sueño intacto su pulso ya olvidado
Entonces vuelvo en mí
percibo aquel calor aquella llama
que mis labios conocen de otras veces
                                *
IV

Puede que nada sea mortal entre las cosas
que en la naturaleza nada muera
porque todo muriéndose renace
se renueva de manera calma sosegada
en rutina gozosa y salvadora
Así me lo parece aunque carezco
de pruebas inequívocas
de argumentos que alumbren como antorchas
Lo cierto es que pienso
y estoy vivo y sueño y río sin bullicios
aunque todo en la tierra se conjure
y me parezca hostil
al hombre esa bestia
humilde y diferente.
                                  *
V

He salido a mirar y he sentido
cómo suena la vida
he gozado bajo las nubes mansas
tenía la luz el color del cobre
la luz que tanto gusta a los poetas
el día en que proclaman
que el mundo ha de cambiar
porque nada terreno se ajusta a sus razones
Y al no tener yo tales pretensiones
luego he vuelto mis ojos
a cosas más sencillas las que tocan los dedos
por encontrar en ellas ese secreto oculto
ese don interior e inextinguido
que es hálito y palpita tiempo puro
caricia umbrosa en los árboles los pájaros
las piedras los insectos
lo que el poeta dice cuando su voz es canto
lo que el poeta siente
cuando en su pecho anida
un fuego inacabado que consume.
                                  *

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