El hombre en su burbuja

SÁTIRA POLÍTICA EN TORNO A UNA FIGURA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS DE GOBIERNO EN ESPAÑA

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«Su Excelencia el Sr. Primer Ministro acababa de despertarse. Se desperezó con placer y dirigió su mirada a los grandes ventanales de la habitación, cuyas cortinas permanecían cuidadosamente echadas. Como era su costumbre, extendió el brazo hasta el despertador situado sobre la mesilla de noche, lo desactivó, encendió la luz algo pálida del dormitorio y pulsó el llamador. Unos segundos después, y como era habitual, hacía acto de presencia en el gran dormitorio el Sr. Morán,  Ayuda de Cámara del Primer Ministro y chófer, con una gran bandeja de desayuno y, una vez depositada en una de las mesas de la estancia, se dirigió con gran desenvoltura y desenfado al ventanal principal, abriéndolo de par en par.

– Buenos días, Sr. Primer Ministro. ¿Ha descansado, Señor?

– Sí, gracias, Morán, como siempre. Ud. sabe que suelo hacerlo. Los problemas se quedan ahí fuera, tras la puerta. Si tienen solución se resolverán solos y si no para eso está el día, para resolverlos. Pero, dime, ¿qué tiempo tenemos hoy?

– ¿Tiempo? –el Ayuda de Cámara dirigió su apagada mirada a su Excelencia y en el tono más humilde de que hizo acopio y esperando no pecar de insolente o irrespetuoso le respondió con un esbozo de sonrisa con tintes de ironía-: Permítame recordarle que es Su Excelencia quien debe decidirlo.

– Sí, es verdad, lo había olvidado, Morán. Es una más de mis obligaciones como jefe supremo de la res publica de este país. ¡Como si no tuviera pocas! ¡Y lo peor es el incordio de la prensa y los medios! La canallesca … ¡qué hermosa palabra para definirlos!, estará ya elaborando los noticiarios y necesitará la información, ¿no es así?        -volvió a desperezarse nuevamente con el acompañamiento de un sonoro bostezo-. ¡Menos mal que, al menos en ese gremio, no hay oposición! ¡El noventa por ciento está con nosotros! Están domesticados y bien domesticados. ¿Verdad, Morán?–dijo esbozando una de sus forzadas sonrisas, esa sonrisa que Foster Wallace en su jocoso relato Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer llamó “profesional” y que trata de mostrar cordialidad a lo que más apropiado sería llamarla “circunstancial”.-. Las personas tienen todas un precio –continuó el mandatario- pero algunas se venden por un plato de lentejas. Hay periodistas que parece no comen sino lentejas, plato muy nutritivo por cierto, que todo hay que decirlo. Ya habrás observado que no suelo leer la prensa diaria, ¿para qué? Sé lo que dicen. ¿Para qué abrir esa Caja de Pandora de noticias y rumores? Con ello me ahorro un tiempo precioso. Además, esas mentes frenéticas sólo ven lo que tienen ante sus ojos, menos mal que no pierden la confianza en encontrar algún detalle que les distinga sobre los otros compañeros. La verdad es muy otra: siempre están lejos de lo que buscan. Se repiten una y otra vez y a lo largo de sus vidas la repetición de lo que dicen les produce parálisis frente a todo pensamiento genuino, pero ése es el caldo de cultivo en el que viven y se mueven, más aún, en el que son felices.

– Así parece, Señor. Afortunadamente. No todos los que le precedieron en el cargo gozaron del favor tan incondicional y entusiasta del que dispone Su Excelencia y su Partido, que es el mío.

– Efectivamente, amigo mío. Y que dure mucho tiempo. Al menos mientras Ud. y yo estemos aquí, ¿no le parece? Pero tráigame mi agenda.

El Jefe de los Servicios extrajo de una gaveta una hermosa carpetita roja forrada en piel  que alargó a su Jefe con una respetuosa inclinación de cabeza, algo que el Sr. Morán hacía con una maestría y virtuosismo insuperables.

– Veamos –siguió una breve pausa-. Sí, hoy tenemos club. Tengo una partida de tenis con el Portavoz, ese zascandil –dijo, al tiempo que esbozaba una leve sonrisa-. Pues ya lo sabes, amigo Morán, hoy tenemos un tiempo excelente, como podrá ver a través de los ventanales hace un sol espléndido. Comuníquelo a la prensa, estarán impacientes. Naturalmente lo del tiempo, no lo de mi partida de tenis, ellos dan por sentado que mi primera actividad diaria, siempre que puedo, es la práctica de mi deporte favorito. ¡Ah, y no olvide dar las órdenes al servicio para que rieguen los rododendros, especialmente los últimos que me ha regalado esa delegación asiática y que tanto gustan a mi esposa. Por cierto, ¿sabe si se ha levantado mi hija, la mayor? Debo tratar con ella un pequeño asunto./…………..

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